SOLOMILLO DE CERDO A LA SALSA DE ROQUEFORT CON UN TOQUE DE MIEL

 El solomillo de cerdo es una pieza magra y versátil, ideal para lucirse en la mesa. Admite infinidad de elaboraciones, a cuál más exquisita. Hoy nos decantamos por un solomillo con salsa de queso Roquefort, aunque también podéis utilizar queso azul o la variedad que más os apasione: en la cocina reina la libertad creativa.

Comenzamos con la salsa, de elaboración impecable y sencilla. En un cazo ponemos el queso, la nata y un chorrito de leche. Llevamos a fuego suave hasta que el queso se disuelva por completo; jugando con la proporción de nata y leche ajustaremos la textura y el espesor deseados. Una vez integrada la base, añadimos una pizca de concentrado de caldo (de carne o ave, nunca de pescado), un toque de pimienta negra recién molida y un hilo de miel. Vamos rectificando de sabor hasta lograr el equilibrio perfecto para nuestro paladar.

Por otro lado, cortamos la carne en medallones generosos. Los salpimentamos y los marcamos a fuego vivo en una plancha o sartén muy caliente, vuelta y vuelta, lo justo para sellar los jugos y dorar la superficie. Retiramos y reservamos.

Para terminar, vertemos la salsa en una sartén amplia, la llevamos a temperatura y reincorporamos los medallones. Marcamos un breve chup-chup durante un par de minutos para que se impregnen de la salsa sin llegar a sobrecocerse, manteniendo la carne jugosa y tierna.

Un plato redondo que resulta perfecto acompañado de una buena patata asada.

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