POLLO EN ESCABECHE: EL RESCATE DE LA DESPENSA

Es bien sabido que el pollo es un alimento barato, rico y que da mucho juego culinario. Para los próceres de las artes culinarias, os diré: nutricionalmente, el pollo más barato —el de granja a granel, por llamarlo de alguna manera— tiene las mismas propiedades alimenticias (o incluso un poquito más) que cualquier otro criado con grano o en libertad. Otra cosa es que tenga más o menos antibióticos u otras sustancias, pero aquí hemos venido a cocinar.

Vamos al lío con este guiso de pollo escabechado. En mi caso, utilicé unas pechugas que estaban abandonadas en el fondo del congelador; son más secas, pero con muslos y contramuslos el plato queda genial y quizá más jugoso. Es preferible tener el pollo deshuesado. Es mucho más fácil a la hora de zampar.

  1. El Sellado: Añadid un poco de aceite a la sartén (he visto que los americanos usan manteca de cerdo para freír el pollo; ahí queda esa opción). Echad los trozos de pollo cortados en tacos generosos, doradlos y selladlos bien.

  2. El Sofrito: Retiramos el pollo y, en el mismo perolo, echamos la cebolla cortada en dados generosos (no sufráis, se deshará en el guiso), la zanahoria en rodajas gorditas, unos ajos enteros, unas bolas de pimienta negra y una hoja de laurel.

  3. El Aroma: También podéis añadir hierbas aromáticas como tomillo o romero. Yo, en esta ocasión, no pude: abrí la despensa y me pidió perdón por estar tan famélica.

  4. El Escabeche: Dad unas vueltas al conjunto y añadid un generoso vaso de vino blanco, otro de vinagre (de manzana u otro) y, si hace falta, un poco de caldo.

Dejad cocer el tiempo suficiente. El punto de cocción lo marcará la zanahoria: cuando esté a vuestro gusto, está listo. He obviado el tema de salar el pollo o añadir alguna pastilla de caldo porque, entre maestros, eso se sobreentiende.

Este guiso está siempre mejor de víspera. Congela de maravilla y es un bocado exquisito. Antiguamente se hacía con aves de caza, pero como ya no cazamos pollos por el pasillo de casa, esto es lo que hay.

¡Buen apetito!

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