EL GUISO DE LA RESURRECCIÓN

Es la típica receta de aprovechamiento. Hablamos de esa pechuga que te sobró, que lleva tres meses criogenizada y medio olvidada en el fondo del congelador. Esas verduras que están a punto de pedir la jubilación y esas patatas que, más que raíces, tienen ya un plan de pensiones.

Preparación

  1. El rescate: Trocead las pechugas en dados de bocado y reservadlas. (Sí, aunque parezcan un cubito de hielo, dales amor).

  2. El baile del aceite: Con una cebolla, un pimiento (verde, rojo o ambos, que aquí no discriminamos) y unos ajos, haced un buen sofrito.

  3. Dorado de honor: Echad el pollo a la cazuela para que se dore. Cuando esté en su punto, añadid las patatas chascadas (ese ruidito de "clac" es fundamental para que suelten el almidón) y dejad que se doren un poco también.

  4. El toque de gracia: Volcad un poco de pimentón y cualquier especia que os guste. Yo le puse una cayena para que el guiso tenga más alegría que una boda.

  5. El desglase (Momento Chef): Se pegará un poco a la base, pero no sufráis: desglasad con un vaso generoso de vino blanco. El que prefiráis (si es del bueno, aseguraos de que sobre para el cocinero).

  6. El baño final: Añadid una pastilla de caldo, medio vaso de salsa de soja y agua. Dejad cocer hasta que la patata esté melosa y se deshaga en la boca.

  7. Extra de verde: Podéis echar unos guisantes o cualquier verdura que os guste, pero hacedlo al final si ya está cocida previamente.


⚠️ Nota de Seguridad Culinaria

Este guiso lleva patata, por lo que está prohibido congelarlo. La patata guisada en el congelador se vuelve rebelde, cambia su textura y, al descongelarla, se queda triste y arenosa. ¡Coméroslo todo hoy y disfrutad!



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