Es curioso, porque aunque hoy en día el bacalao es considerado un producto gourmet (especialmente en España y Portugal), su "mala fama" es real y tiene raíces históricas, sociales y gastronómicas muy específicas. Durante siglos, el bacalao en salazón fue el recurso principal para las clases bajas. Era barato, fácil de transportar y se conservaba durante meses sin necesidad de refrigeración. Al ser la comida de quienes no podían permitirse carne o pescado fresco, se asoció con la escasez y la necesidad.
También históricamente, la Iglesia Católica prohibía comer carne durante la Cuaresma y otros días de vigilia. El bacalao era la opción más accesible para cumplir con la norma. Esto hizo que mucha gente lo viera como una obligación aburrida o un castigo culinario, más que como un placer.
Hoy en día es un plato exquisito. Fresco, en salazón, ultracongelado, cualquiera de estas variedades es un bocado maravilloso. Creo que pocas personas lo han probado fresco. Casi no tiene sabor, es delicado y meloso. Algo excepcional.
Sea como fuere existen infinidad de recetas, me gusta de cualquier forma. Pero al ajo arriero o en una tortilla está fantástico.
¡Te he pillado, bacalao!
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