Muslos de Pollo con Bacon: El Arte de No Perder un Dedo

Esta receta es fácil, barata y queda tan bien que parecerá que sabes lo que haces. Es ideal para aprovechar el horno, así que no seas tacaño y mete al menos un par de "muslamenes" de una vez.

Primer consejo de oro: Pide al carnicero que te deshuese los muslos. En serio. Yo me las doy de experto con el cuchillo cebollero y la puntilla (siempre afilados como el colmillo de un vampiro), pero terminé con un tajo en el dedo. El pollo fresco es más escurridizo que una lamprea dando calambres. Hazte un favor y mantén tus extremidades intactas. 

El Relleno Estratégico: Una vez tengas los muslos abiertos (y tus dedos a salvo), ponles por la parte interior unas lonchas de bacon. El bacon es como el pegamento de la felicidad, todo lo arregla. 

Sintoniza tu Imaginación: Para el aderezo, dale rienda suelta a tu creatividad. Yo tiré de lo clásico (sal y pimienta), pero si te sientes místico, puedes usar hierbas aromáticas o lo que pilles por la despensa. 

Operación Retención: Enrolla los muslos con cariño y trínchalos con unos palillos. Es una medida de seguridad para que no se abran en el horno y aquello parezca un desguace de pollo. 

Al Calor del Hogar: Mételos al horno y deja que se asen. Durante el proceso, puedes ir bañándolos con un caldito casero, vino blanco o lo que te apetezca. Yo solo les eché un poco de caldo porque la nevera estaba en modo desierto, pero tú siéntete libre. 

El Clímax: Vigila el horno como si te debiera dinero. Cuando creas que están listos... ¡Voilà! Ya tienes una cena de categoría.


Comentarios